LES FLEURS DU MAL

”¡Derrama tu veneno y que él nos reconforte!
Hasta tal punto el fuego de nuestros cerebros quema,
Que queremos rodar al fondo del abismo, ¿qué importa Infierno o Cielo?,
¡al fondo de lo Ignoto para encontrar lo nuevo!”

Charles Baudelaire, “Las flores del mal”

Hoy me asomé al abismo. Y rodé hasta bien abajo.

En categoría 50+ de Suiza, jugamos al fútbol 7, en la mitad de un terreno y con porterías pequeñas. Hace casi tres años que he vuelto a reencontrarme con el fútbol y parece mentira que pueda aún sentir tanto placer en el juego. Entreno mucho, casi a diario, de modo que el disfrute pueda ser completo. Eso quiere decir jugar ganando, y sin mucho dolor. También Baudelaire decía que no puede resultar indiferente ganar o perder, a riesgo de caer en el hastío.
Al final de este camino de espinas y Voltarén, en Suiza Central muchos equipos de los cantones de Lucerna y Zug ya saben que no será facil batirme.

Animado por mi buena forma, últimamente he estado mirando con cierta envidia la portería grande, la de siete metros y pico, la del fútbol de verdad. Ese sí sería un reto, pensaba. El fútbol de posición, de desplazamientos largos. Más presencia y menos reflejos. Volar no por volar, sino porque o vuelas largo (a por todo, cada vez) o es gol. Como lo hacía a los 15, a los 20 años. Y a los primeros 30 incluso. La felicidad, entonces, era eso.

Hoy pasó. El equipo de Steinhausen me ha invitado a jugar con ellos, en una categoría “normal”, fútbol de verdad, partido de liga contra el Hochdorf. Gente mucho más joven. Más veloz. Y yo he vuelto a debutar a los 50 años. Entrada al campo tras el árbitro, en fila, saludo al público, choque de manos con el rival. La parafernalia de un auténtico partido.

Después, dos ideas. La primera: qué difícil es jugar a este deporte. Qué grande es el terreno, qué rápido hay que ser. Qué cálculo de distancias para anticiparse. Como buen portero, pienso mucho. En el primer córner me dije “qué lejos està”. Pero tuve que salir de puños. En un contraataque el balón me parecía de nuevo muy lejano. Pero tuve que salir al corte.
La segunda reflexión: qué hermoso es el fútbol. Me he sentido Arconada en Atocha. Irreal como si estuviese en una partida del videojuego FIFA. Futbolista otra vez. Sí. Hoy fui al fondo del abismo a descubrir lo nuevo (pero era lo viejo, ese veneno conocido).